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Consecuencias de un ayuno prolongado


Por: Lucy Rosario 

El ayuno es la privación del consumo de alimentos, ya sean sólidos o líquidos, que se prolonga durante un plazo más largo del habitual y que ocasiona modificaciones en la estructura y función de los órganos, debido a un aporte insuficiente de nutrientes y fuentes de energía.

Cuando  se mantiene un ayuno prolongado, se produce una adaptación del organismo, principalmente mediante la disminución del gasto energético. Al disminuir la glucosa, comienzan a utilizarse las reservas de proteínas de los tejidos para poder producir, no solo glucosa, sino también ácidos grasos y glicerol, ambos productos de la digestión de las grasas. 


Mientras que la mayoría de los tejidos pueden obtener combustible de los ácidos grasos o los cuerpos cetónicos (ácido que se produce al degradarse las grasas), el cerebro no puede hacerlo porque las neuronas necesitan glucosa para realizar sus funciones vitales. 


Esta alimentación cerebral anormal tiene consecuencias sobre el sistema nervioso, por lo que es probable que una malnutrición prolongada deje secuelas en el cerebro por lesiones de las neuronas, que pueden llegar a ser irreversibles en los casos más graves.


Otro efecto que conlleva el ayuno prolongado es la consunción de los depósitos grasos, de poca importancia desde el punto de vista vital, aunque este tejido adiposo es el que forma la leptina, relevante en el desarrollo puberal, por lo que, en el caso de la desaparición del tejido adiposo, el desarrollo puberal se detiene.

También surge un déficit de calcio, con lo que se dificulta el proceso de mineralización ósea y puede surgir osteopenia u osteoporosis, que pueden ser irrecuperables en algunos casos.

La falta de alimento en un principio puede ser compensada por otros mecanismos que elevan la glucosa a nivel sérico.
Sin embargo, si el ayuno se prolonga se provoca una caída de glucosa sérica a lo que se le llama hipoglucemia que origina diferentes síntomas que solamente se corrigen con la ingesta de alimentos. 
El ayuno también provoca que el ácido gástrico producido en el estómago queme en forma directa originando la gastritis. 

Además hay pérdida de las microvellosidades intestinales provocando disminución en la absorción de los nutrientes.

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