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¿Qué oculta el que se vanagloria?

LA JACTANCIA ES EL TÉRMINO QUE DEFINE A AQUELLOS QUE SE ALABAN A SÍ MISMOS DE MODO ARROGANTE POR ALGUNA CUALIDAD O POSESIÓN


La frase popular: “Dime de que te jactas y te diré de que careces” encierra una gran verdad. El ser humano busca siempre exhibir lo que considera mejor de sí mismo o de sus posesiones, con el objetivo casi siempre de sepultar sus flaquezas, de ocultar por lo que piensa será rechazado de sí o por lo cual pudiera sentirse devaluado, todo por temor a la descalificación. Es por eso que todos en un momento o el otro, a sabiendas o sin intención, hemos pecado de alardosos.
Según la psicóloga clínica y terapeuta familiar Kathya Flores de Abis, “el alarde se traduce como ostentación y gala que se hace de alguna persona y cosa, ostentar es evidenciar o mostrar alguna cosa”. 
Añade que la palabra es sinónimo de jactancia o vanagloria y así, hacer gala tiene que ver con “lucir o preciarse de algo haciendo una alabanza propia presuntuosa. Es decir: “quien alardea, es alguien que se alaba a sí mismo, jactándose de sí de manera arrogante”, define la experta.

Simulación
La también presidenta de la Asociación Dominicana de Terapia Familiar (Adotefa), comenta que quien presume o se jacta de algo, hace un intento por ser aceptado y no sólo tratando de mostrar lo mejor, sino esforzándose por negar lo peor de sí, queriendo mostrar lo contrario o reforzar la imagen que quiere proyectar de sí mismo, aunque sea algo forzado como sucede con el alarde, con lo que se ostenta algo que se “tiene”, pero no necesariamente algo que se “es”.

“Todo ser humano necesita validación, sentirse único, especial e importante, ser reconocido, amado y valorado por quién es y esto surge desde su nacimiento”, expresa Flores de Abis sobre la raíz del comportamiento del alardoso. Añade que un bebé necesita ser visto, tocado y amado por sus padres y requiere de cuidado físico, pero también emocional; necesita confianza, seguridad, aplauso a sus primeros logros, motivación para seguir desarrollándose sanamente.
Cuando este intercambio de contacto y comunicación entre padres e hijos se da, sirve de motivación y las palabras de estimulación verbal animan al hijo a confiar en sí mismo y sus potencialidades porque alguien valioso para él lo ha confirmado a través del aplauso.
LA MUESTRA DE LAS PROPIAS CARENCIAS
Cuando el intercambio de contacto y comunicación se da entre un hijo y sus padres y familiares cercanos, esto sirve de motivación, anima al pequeño a confiar en sí mismo y sus potencialidades “porque alguien valioso lo ha confirmado a través de una palabra de estímulo o de una señal de reconocimiento”, expresa la directora clínica Centro Terapéutico Kathya Flores y Asocs.

Ahora bien, cuando esto no se da, la persona tratará de obtener esa seguridad y reconocimiento a los méritos que le fala a través de sus propios logros, y si aún no lo consigue, ya no le quedará otro camino que ostentar sus logros a los demás, como forma de obtener algún reconocimiento, de ser visto y tomado en cuenta.
Alardear sirve para exhibir la aprobación
El alarde, esa cualidad negativa por la cual una persona cualquiera exhibe sus posesiones o sus cualidades con el objeto evidente de lograr reconocimiento o, en ocasiones, hasta envidia de quienes le rodean, se presenta en niveles, y esos niveles, según comenta la psicóloga y terapeuta familiar Kathya Flores de Abis, “están directamente relacionados con los niveles de autoestima, los cuales fluctúan según nuestra autoimagen, el concepto que tenemos de nosotros y lo que los demás dicen que somos”.

Flores de Abis, quien preside la Asociación Dominicana de Terapia Familiar (Adotefa), explica que todos tenemos la necesidad de ser aceptados y de pertenecer al grupo. “Si nos incluyen, aplauden y reconocen, sentimos que gustamos a los demás y somos aceptados y nuestra autoestima se fortalece. También si nos sentimos capaces de desenvolvernos en la vida, de ser útiles e importantes, nuestra autoimagen será positiva; si, por el contrario, nuestro autoconcepto es negativo, siempre estaremos buscando ese reconocimiento que no nos dieron”.
Refuerzo
Si este refuerzo público tan necesario es inexistente, la persona hará alarde de sus cualidades para mostrar a otros que ya ha sido aprobada o reconocida, pudiendo esto convertirse en algunos casos hasta en una conducta adictiva. “Es como vaciar el mar en un vaso roto, el problema no es lo que se le eche, sino de fondo, y por eso nunca se sacia o llena”, advierte Flores de Abis.

 Por eso la vida personal y el desenvolvimiento social de un alardoso se complican. La directora clínica del Centro Terapéutico Kathya Flores y Asocs expresa que el jactancioso sigue vacío, pues en lugar de trabajar en su ser interno para proyectar hacia fuera quién es, convirtiéndose en persona nutridora y capaz de aportar a los demás, y ser alguien querido, “se enfoca demasiado en el tener, pensando en ser alguien atractivo a los demás, por lo que tiene o puede comprar”.
Error
Pero estas personas se equivocan en su manera de ver las cosas, ya que con su actitud sólo podrán comprar el interés y quizás alarde de algunos que, como él, intentan llenar un vacío existencial con lo material. Se ve un claro ejemplo en quienes trafican drogas o prostitución. “Con tal de tener, viven perseguidos y siguen sintiéndose rechazados y vacíos, porque el tener nunca va a llenar el ser, que sólo  se llena con una nutrición espiritual, emocional, relacional y afectiva”, declara Flores de Abis. Así, quien se vanagloria de sus posesiones termina convertido en un ser antisocial, que no encaja, y al final lucha inútilmente para terminar siendo inaceptado, lo que es frustrante.

Una persona que hace alarde de sus cualidades o posesiones sólo llega a consulta psicológica cuando las consecuencias de su conducta le han creado conflictos en sus relaciones más importantes o a nivel social e incluso laboral.

Fuente: Lintin Diario
Li Misol 

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