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El protegido como jefe de escoltas, un gran riesgo en la seguridad ejecutiva


Uno de los problemas más frecuentes y difíciles para todos los que trabajamos en la protección a ejecutivos es, sin duda, el hecho de que la mayoría de los protegidos asumen dos roles distintos a la vez: el que les corresponde naturalmente como protegidos, y otro, que no les corresponde, como jefes de su propia escolta.

Es importante señalar que el ejecutivo, en la mayoría de los casos, no está capacitado para ninguno de los dos papeles; ni para el de protegido ni mucho menos para el de jefe de escoltas que, con frecuencia, intenta usurpar. Sobra decir que el hecho de ejercer una actividad, pero sin tener las competencias pertinentes en una profesión peligrosa, implica un riesgo latente y constante que ya costó tanto vidas de muchos escoltas como de protegidos.

Los ejecutivos, por lo general, ocupan un lugar jerárquico muy elevado dentro de sus organizaciones; están acostumbrados a dar órdenes y se les hace fácil empezar a dirigir a sus agentes de protección sin tener conocimientos para hacerlo, inclusive piensan que no se necesita conocimiento alguno para ello. Por otro lado, en la mayoría de las veces, los escoltas y los responsables de servicio de protección no se atreven a contradecir a los ejecutivos por el justificado temor de perder sus trabajos o de perder al cliente, si se trata de una empresa de seguridad que proporciona el servicio de protección. De tal suerte que dejan que el usuario “juegue” con su equipo de seguridad, poniendo en peligro su vida y la vida de sus escoltas.


Antes que nada, el ejecutivo, por lo general, está influenciado por dos falacias:

La primera: En la protección ejecutiva no se requiere de ningún tipo de conocimiento especializado más que saber golpear y disparar. Así que el ejecutivo puede mandar a su escolta conforme le plazca.

La segunda: Para tener protección es suficiente contar con un par de agentes armados sin alguna estructura o protocolo.

Por otro lado, los escoltas, administradores de seguridad, así como los empresarios de protección, no se oponen (como lo sí haría un piloto) a los caprichos del ejecutivo, a veces por ignorancia, pero, en la mayoría de los casos, por el temor de quedarse sin empleo (o sin su ganancia, en el caso de un empresario de seguridad). El resultado de todo este caos son escoltas muertos o heridos y ejecutivos secuestrados o asesinados, a veces hasta por sus propios protectores, como ocurrió en el caso del empresario mexicano Adolfo Lagos.

El primer paso para salir de esta crisis lo deben tomar los administradores de seguridad corporativa, al igual que los empresarios de seguridad que protegen a los clientes de forma particular.


En mi experiencia, los ejecutivos, por lo general, son personas inteligentes y capaces que entienden razones. Con los demás ni vale la pena trabajar. Después de un estudio de seguridad bien hecho, y con los fundamentos necesarios y bien presentados donde se explica con claridad el alcance del servicio y su lugar dentro del mismo, estarán dispuestos a colaborar. 

De la misma manera que una persona necesita capacitación para convertirse en un escolta, un ejecutivo también necesita capacitación para convertirse en un protegido. De la misma forma en que una persona sin capacitación trabajando como protector es un riesgo, un ejecutivo sin capacitación que recibe protección es un peligro para sí mismo y para todo su equipo de seguridad, al igual que para su familia.

Es por esto que una estructura operativa bien desarrollada, escoltas y administradores de seguridad bien capacitados y un ejecutivo bien concientizado son la clave para una protección ejecutiva exitosa.

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